Luismi

La lista

Como siempre, ella llegó muy temprano a la oficina. Sobre la mesa del despacho ya tenía preparada una larga lista de clientes a los que tenía que ver ese día. Su secretario personal le trajo el delicioso capuchino de todas las mañanas. Se sentó y, mientras se tomaba el café, echó un vistazo a la hoja de visitas. Al cabo de un rato, se levantó para dirigirse hasta la ventana, desde donde pudo observar cómo comenzaba a cobrar vida el paseo de los cipreses bajo las primeras luces del alba. Entonces pensó en aquellos nombres elegidos al azar de entre todos los del censo de población. Después, cogió su guadaña y se dispuso a empezar una nueva jornada de trabajo.

Luis Miguel López Alonso-Gascó

Segunda Antología del Corral de las palabras

Y yo, que no creía en el azar. Quizá por eso, en principio, no me gustó tu propuesta.

Compañero Luis Miguel López Alonso-Gascó, descansa en paz, amigo.

Dios nos libre del día de las alabanzas. Pero qué otras palabras pueden decirse de nuestro compañero Luis Miguel, Miguel, Luismi. Abro su muro en Facebook, donde nos juntamos con el resto de sus familiares y amigos, y no hay una voz discordante. Cada uno de nosotros, íntimamente, sabe de la sinceridad y la certeza de todo lo que lee. Luismi generoso, luchador, apasionado, humilde, soñador, poeta, familiar, viajero, profesor, amigo. Buena gente, encantador Luismi. Así quedará para siempre en nuestro recuerdo, este recuerdo que quiero guardar también en mi casa de letras.

Dejé un relato sobre el maltrato, Alma de carrusel, en el certamen de Canal Literatura de 2012. Otro participante, con el seudónimo de Edgar Alan Bécquer, me dejó un comentario: «¡Ay qué triste vida!». Busqué el suyo, El apeadero y lo comenté —sin paños calientes— y le pregunté por el sentido de su frase. A partir de ahí, me invitó a un mundo de poetas viajeros, de leyendas algonquinas y de acentos circunflejos reconvertidos en abrazos que, afortunadamente, hicieron muchos viajes de ida y vuelta desde que Luismi, Edgar, Ahuntsic en su canoa de corteza, arribó al puerto en el que nos citamos, nuestro Corral de las palabras. No puedo pormenorizar lo que ha sido la relación con él: cada correo suyo, cada participación en nuestro foro, su forma de aceptar lo que le revisábamos o sugeríamos, los pocos pero certeros detalles que él encontraba en nuestros trabajos, para los que no tenía más que alabanzas; sus crónicas deportivas, sus mítines políticos. Y qué decir de su presencia física, de su sonrisa, de su abrazo, de su forma de hablar cerrando los ojos, de sus regalos. Luismi estuvo en todas las presentaciones de nuestra primera antología, y gracias a esa generosidad lo disfrutamos tanto. A él, a Suzanne, a sus chicos. La presentación que organizó en Alpedrete, cómo nos recibió, cómo nos dieron todo a manos llenas, fue increíble.

Luismi2

Gracias, Luismi. Gracias por cada momento compartido, por cada uno de tus gestos, por cada una de tus palabras, hasta la última. Feliz como estabas, y no sabes cuánto me alegro, por el viaje que habías podido disfrutar, hasta el lago Timiskaming y el bosque encantado de aquel otro viaje al pasado que fue tu primer regalo, y por el que no pudiste estar en la primera presentación de nuestra segunda antología, aquí en mi casa.  Tus últimas palabras felicitándonos por el éxito, con esa generosidad tuya inabarcable. Y tu ejemplar, dedicado y firmado por tus compañeros la noche de la presentación, que no llegaste a verlo y no sé cómo perdonármelo.

Podría intentar decir más, pero sé que pasará mucho tiempo hasta que las palabras tengan más fuerza que las lágrimas. Me parece que, de nuevo, he soñado con barcos esta noche y que me he despertado con los últimos versos de aquel poema de Longfellow, en mi traducción, que no me corregiste:

«Así, en el océano de la vida, pasamos y hablamos unos con otros.
Solo una mirada y una voz. Luego, de nuevo oscuridad y silencio».

Cuánto silencio dejas, querido amigo mío. Ni nuestra música preferida puede llenarlo.

 

2 comments

¿Qué más se puede decir de tan buen amigo? Gracias por decirlo, Cristina.

Gracias a todos, por el consuelo que nos damos unos a otros. Cada uno con su pequeña aportación, haciendo que todas juntas sean un bonito homenaje. Un beso, querido Josema.

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