Felices fiestas. Feliz 2016.

Se me ocurre en estos días en que los cristianos celebran  que Dios, por amor, se hizo hombre y nació como uno de ellos, que los juntaletras, en nuestros ratos de inspiración literaria, creamos y vivimos nuestras ficciones hasta el punto de que, a veces, dioses de tres al cuarto, nos hacemos personajes y confundimos realidad y literatura. Porque nada hay más hermoso que crear, creer, vivir los sueños, las pequeñas o grandes historias de amor en que somos uno con nuestros protagonistas.

Luego, dejo la tinta o el teclado (folio en la papelera casi siempre) y tomo un libro entre las manos. Entonces, ante las letras de un maestro, se me ocurre que qué dioses ni gaitas (obsérvese cuán lejos queda el lenguaje literario). Titiriteros de tinta, y dando gracias.

En fin. Atea y ácrata, pero siempre condesa, a quien doy gracias de veras es a los autores que me han hecho feliz con sus historias y, sobre todo, a quienes me habéis acompañado en escrituras, lecturas y, más si cabe, en el día a día de la vida. Os deseo muy felices fiestas y un espléndido 2016.

Eso sí: aunque no lleguen al papel por pura incompetencia, vagancia o despiste absoluto, voy a seguir viviendo también en las historias que imagino y, a veces, incluso creo (de crear y de creer, a ver si habíais pensado que dejaba para siempre la soberbia: año nuevo, la vida de siempre, que tampoco está tan mal).

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