Club de lectura Las huellas del círculo

La caja del legionario sigue su camino, ahora ya más sosegado. Nuevos lectores van comentándome sus impresiones y haciendo que esa historia continúe viva y reportándome alegrías. El libro ha viajado acompañándoles, entreteniendo su descanso y deparándome momentos de ilusión al recibirlas.

Uno de esos momentos mágicos acaba de suceder. El club de lectura de Zaragoza «Las huellas del círculo» lleva mucho tiempo leyendo y comentando a autores aragoneses. Tanto que, años atrás, también organizaron un taller de escritura en el que tuve el gusto de participar y aprender, pero, sobre todo, de conocer a compañeros con los que compartir aficiones. Gracias a las redes sociales, hemos seguido teniendo noticias unos de otros, y me emocionó que me comprasen un ejemplar cuando lo presenté en el Día del libro de Zaragoza, pero, más aún, cuando tiempo después, me llamaron para convocarme a una sesión del club.

Es la magia de recibir y compartir las emociones que una historia despertó en mí y me impulsó a escribir esta novela, con los lectores a los que también les ha gustado, que la han seguido con interés, que les ha provocado recuerdos y sentimientos. Es ver, como decía el otro día en una charla maravillosa Gustavo Martín Garzo, que «Todos los cuentos que existen se han inventado para poder contemplar mientras los contamos el rostro de quien nos escucha». Esos rostros me acompañaron, me llenaron de preguntas y me hicieron revivir las razones por las que escribo. Y después, me hicieron firmar una docena de ejemplares en los que intenté dejar constancia de este sentimiento.

Un millón de gracias, compañeros. Hoy representáis a todos los lectores de La caja del legionario que me habéis hecho llegar que la historia que escribí caló en vuestro corazón.

Y además me llevé un recuerdo de su cariño en forma de botella personalizada de buen vino de la tierra y de un marcapáginas artesanal ¡al que voy a dar muchísimo uso!

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