En silencio

El pasado viernes 10 de enero se presentó en Zaragoza el libro recopilatorio del I Concurso Literario Abel Hernández promovido por la Asociación de amigos de Sarnago. En él se incluía un brevísimo relato mío inspirado en la fotografía de José Manuel Navia, como requerían las bases.

En silencio

El frío llega de repente al comenzar la trashumancia. Un viento helado trae los primeros copos y Martín abriga al chico. Atajan por las cañadas cruzando las sierras y hacen noche en los refugios de los apriscos. Martín se acostumbra de nuevo al silencio.

Saturio nunca habló. Madre pensó que tardaría: «Luego no callará», dijo. Pero movía la cabeza para decir «sí» o «no», o encogía los hombros para expresar «no sé». Señalaba con el índice lo que quería; metía la cabeza entre los brazos si se asustaba; no sentía frío ni calor. «Cuida de él, Martín», dijo la madre durante la mejoría de antes de la muerte. Cuando Saturio se enteró, llamó al Rufo y, agachado, apretó su frente contra la del perro, que se dejó hacer, le lamió la cara y se tumbó al sol.

Martín siempre dirigía el rebaño. El perro se ocupaba de las ovejas despistadas. Saturio cerraba la marcha. Si oía silbar a su hermano, sabía si llamaba al Rufo o a él, pues quizá no se habían visto en horas. Contestaba con otro silbido en un idioma que solo ellos comprendían. Pero si el silencio lo rompía el chico, Martín dejaba al Rufo al mando, prohibiéndole avanzar, y bajaba a zancadas la senda empinada y estrecha. Casi siempre el motivo era un animal cojo que echarse a la espalda. A la noche verían si podía salvarse.

Ya se ve el refugio de la Frasca, pero Martín piensa que alcanzarán Valduérteles. Silba y el Rufo repliega a las ovejas.

Al llegar al pueblo, el chico no responde. Una torcedura de tobillo lo ha retrasado. Logra alcanzar la Frasca y se tumba en un camastro. La nieve cubre la senda. Horas después, siente entrar al Rufo, que se pega a él. Mañana será otro día.

1 Comentario

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Teresa Corrorespuesta
12 febrero, 2025 en 08:16

Podría haberlo escrito Delibes.
Una preciosidad

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