Un prólogo emocionado y muy especial para mí.
Haber sido testigo de la gestación generosa de este Viaje al Líbano, el tercer libro que publica Mª Ángeles Centenero Merino, ha sido una de las cosas hermosas que me ha deparado esta afición a juntar letras. Feliz y honrada al compartir con ella los apuntes para el prólogo que preceden a sus letras, no puedo dejar de recomendarlo de corazón. Sé que su lectura emocionará tanto a quienes busquen un acercamiento a una región actualmente presente, por desgracia, en las noticias, como a cualquier amante de conocer otras culturas, gentes e historias que nos parecen lejanas. A viajeros inquietos y a tranquilos lectores de rincón con lámpara cálida o visillo transparente. Leed, si queréis, mis apuntes y dejaos llevar, hoy, día de las Librerías, y encargad este libro maravilloso en el enlace que os propongo o en la que sea vuestra favorita. https://maxtor.es/libro/9788490921708/viaje-al-libano/
La imagen de cabecera es una copia del hermosísimo mapa sin fronteras del Líbano, obra del artista Joan Boy.


Apuntes para un prólogo.
Me pide MAC Merino unas letras introductoras para su Viaje al Líbano y no hay mayor placer para mí que intentar complacerla. La confianza de darme a leer sus páginas antes de ser editadas es un honor y me obliga dulcemente a ello.
MAC nos introduce en el Líbano utilizando todo el bagaje de literatura y sentimiento que atesora. Jamás defrauda su prosa. Mima las palabras que rescata desde «el aroma de la memoria» y, mientras nos muestra un Líbano actual, lleva al lector de su mano por la historia del país, de su gente y de sus territorios. No es condescendiente, porque muestra lo oscuro, pero dentro de una luz que ennoblece a la vez que describe o que explica. Disfruto intensamente su lectura, fijándome en cada palabra, tan bien encontradas, tan bien colocadas para expresar lo que quiere, y logra, transmitir. Envidio esta escritura certera y luminosa, con ese cuidado, ese detalle en cada elección, la sensibilidad, el trabajo bien hecho y documentado, el mimo en la presentación.
Avanzo en el libro y siento asombro y deleite en lo que cuenta y cómo lo cuenta. Cómo establece los lazos indisolubles entre su propio ser y el lugar que ama. Cómo enlaza su experiencia vital con lo que observa y describe. Es un sueño imposible recorrer el pequeño país de su mano en la realidad, pero ¡me siento tan cerca de haberlo hecho leyendo! Todo lo que narra es necesario. Necesario y bellísimo, y urge, nos urge a proteger la belleza de la sinrazón. No tiene ella, ni tenemos los lectores otras armas ni otras soluciones que nuestras palabras. Sólo podemos abogar por la comprensión y el entendimiento.
Aprendo con ella: a admirar este país que ha conocido y hecho propio y al que ha vuelto siempre para conocer más a fondo, de la mano de sus habitantes y sus diferentes culturas; a encontrar su belleza, «belleza más allá de la muerte»; a intentar entender este territorio siempre herido, pero siempre recuperado. A entender, sobre todo, a este pueblo cuya historia deberíamos comprender más y mejor. En sus palabras: «Vuestra historia, la de todos los libaneses, debería ser conocida en todo el mundo». Se pregunta MAC: «¿Puede entenderse el mundo solo con escribirlo?» Yo me contesto a mí misma en mi silencio: Puedo entender el mundo solo con leerlo, con escucharlo de tu voz.
Y es que MAC no ahorra detalles. Lo más hermoso surge de ella y nos transporta a la naturaleza del pequeño —en extensión— país. Recorremos, guiados por su mano montañas, bosques, llanuras, fronteras… Descansamos en cualquier terraza amable, disfrutando de la «poética luna verde» del Líbano, con suerte escuchando a un cantor de Zéjel o a cualquiera de sus músicos más populares.
Sin embargo, nos dice la autora, «vendrán vientos y lunas y silencios rotos». No puede sustraerse a la necesidad de enseñarnos también la dureza de la vida en el Líbano. Por ello, el leit motiv nos acompaña en la lectura: «No sabes nada. No has visto nada».
El Líbano se levanta después de cada golpe más terrible aún que el anterior; se reconstruye con paciencia, aunque entendemos con MAC que cada día la desesperanza es más grande, porque se escucha «el inquietante silencio de los pájaros» … «¿Habrá un lugar donde podáis anidar sin temor?», se pregunta.
Hay capítulos muy duros en la historia del Líbano. No los evitará: «Y entonces brotarán odios eternos», leemos. O, hablando de las generaciones más jóvenes, las que no han conocido más que dolor y guerra: «… lo que tendrían que desaprender los niños de la miseria». MAC nos ayuda a entender ese maremágnum de religiones, culturas y diferentes gentes que conforman el país —¿acaso somos tan diferentes unos de otros?—y nos trae a la memoria la historia del mundo que nos rodea. Nos compromete a fijarnos en conflictos que siguen presentes en nuestra memoria: la guerra —todas lo son— «incivil» española, Yugoslavia, Siria, Ucrania, Gaza… No evita hablar del terrorismo, contextualizándolo con la realidad que ella ha vivido y conoce de primerísima mano. Conoceremos en sus palabras el tremendo capítulo sobre los refugiados sirios en el Líbano y nos preguntaremos con ella el porqué, los porqués de tanto conflicto tan reciente y próximo. Sufriremos con ella por sus amigos queridos, su familia, con la que no puede hablar apenas por teléfono, por el silencio atronador que los oculta de su cariño. Por la imposibilidad de estar allí.
Pero, aunque esta vez encerradas en un libro inolvidable, al terminar sus notas siempre inacabadas —como ella misma describe el Líbano, «Líbano inacabado»—, nos quedará la sensación de haber sido partícipes del amor por una tierra y un pueblo que, aun doliente, respira siempre ese hálito de esperanza que lo ayudará a reconstruir de nuevo su belleza. Y querremos ser partícipes de ello, apoyando o conociéndolo de la forma más cercana posible. Quizá, qué hermoso sería, de la mano de MAC.
