Presentación
El momento de presentar una novela ante el público es un reto. Pero si se hace rodeada de amigos, familiares y vecinos, arropada por tu Club de Lectura y buscando disfrutar de un rato agradable y entretenido y que los lectores se vayan a casa con todas las respuestas que buscaban, se resuelve bien. Evitando nervios, con espontaneidad, contando sin desvelar (que aún hay público que está comprando la novela), y sin discursos: bueno, los agradecimientos que no quise incluir en el propio libro, porque solo a quienes acudieron al acto o venís a leerlo aquí podrían importar.

Agradecimientos
A todos los que me habéis ayudado a escribir, corregir y publicar esta novela. A Antonio, a mis hijas Laura y Elena, a David, que me regaló la portada.
A mis primeros lectores fuera de la familia, que me orientaron y me ayudaron a desbrozar lo que estaba escrito: amigos y compañeros de letras, críticos generosos pero exigentes: David García, Belén Gonzalvo, Carmen Hernán, Miguel Gardeta, mis compañeros del Corral de las palabras y seguro que a otros muchos más que en algún momento estuvieron allí.

Muy en especial: al club de lectura de la Biblioteca de La Puebla de Alfindén. Estamos celebrando su XX Aniversario y me apetecía que me arropasen e hicieran una presentación al público tan ágil y divertida como cualquiera de nuestras reuniones del club. Pero también a todos los clubes de lectura, que dan vida a las novelas y, por supuesto, a todos los lectores. Sin vosotros, nada de esto tendría sentido.


Hoy, estos lectores están representados por una mujer que pudo haber sido vecina de mis protagonistas. Que tuvo una vida parecida, formando parte de una familia grande, lejanamente similar a la que aparece en mi novela. Mi tío Juan, el cartujo, sí inspiró al cartujo de la familia novelada. El resto de mis protagonistas quizá difieran más, pero recuerdan a muchas de las personas que conocí y que vivieron aquella época. Por eso le agradezco especialmente su lectura y entusiasmo, que sea tan generosa y que nada de lo que cuento le haya molestado. Gracias, tía Chon.
Gracias también a todos los amigos que han colaborado de alguna manera: a Ramón Faro, por los dibujos que encabezan las tres partes de la novela. A mis profes y compañeros de talleres y escrituras varias, por permitirme aprender de ellos. Y a los que me han enseñado a mejorar en cada momento de mi vida, y no solo en esto de jugar con las palabras.

Por último, quiero pedir perdón. Por distraeros y distraerme de lo que ocurre en el mundo mientras escribo, mientras leéis, mientras hablamos de una novela intrascendente que no ha querido ser una novela tendenciosa, aunque yo no sea equidistante: deseo una Palestina y una Ucrania libres del horror, un mundo libre de guerras donde los niños puedan leer en paz, y justicia y solidaridad, entre muchas otras cosas. Perdón por dejar a un lado esto, que es lo importante, por un momento.
Que empiece la lectura.
